Zombies del siglo XXI

Por MarA�a Teresa HernA?ndezA�@maritereh

En retornados, el nuevo filme del director espaA�ol Manuel Carballo, el zombie es el enfermo de A�bola, de sida en los aA�os ochenta; al que rechazamos por miedo.

RetornadosA�

Ha dejado de ser imperativo que las pelA�culas de zombies rayen en la exageraciA?n y abusen de los actores sobremaquillados en busca de un cerebro para cenar. Aunque en estricto sentido es un subgA�nero que forma parte del cine de terror, las nuevas muestras de cine y televisiA?n enfocadas en historias de muertos vivientes estA?n mA?s cerca del thriller que de una trama de horror convencional. The Walking Dead es un ejemplo de ello: el sheriff de un pueblo despierta de un coma en medio de un mundo dominado por zombies y su conflicto no es que A�stos sean horribles, sino que debe reencontrarse con su familia mientras lucha por sobrevivir. El zombie del siglo XXI no es un monstruo que nos provoca pesadillas: es un espejo de las fallas sociales y por eso sigue siendo aterrador.

El zombie es el enfermo de A�bola (en los aA�os ochenta, hubiera sido el enfermo de SIDA). A�sa es la tesis de Retornados, la cinta de Manuel Carballo que (por fin) se estrena este 30 de octubre en MA�xico. La historia inicia en una ciudad que sobreviviA? una epidemia zombie: Kate (Emily Hampshire), la protagonista, es una doctora que trabaja en una unidad especial tratando a pacientes recientemente atacados por estas criaturas. Su trabajo es estabilizarlos e inyectarles un antA�doto para evitar su transformaciA?n absoluta (uno de ellos es su novio, pero nadie lo sabe). El problema es que las inyecciones se fabrican con un lA�quido extraA�do de la espalda de zombies asesinados (con un tiro a la cabeza, como siempre) y, dado que cada vez existen menos “transformados”, la sustancia ha comenzado a escasear. PodrA�a producirse medicamente sintA�tico, pero eso requerirA�a financiamiento, y hay pocos interesados en aportar recursos econA?micos para mantener con vida a sujetos potencialmente peligrosos. La situaciA?n se vuelve crA�tica.

A?Por quA� mantener a estos tipos con vida? SerA�a mA?s sencillo meterlos a un campo de concentraciA?n para evitar contagios o a��simplementea�� asesinarlos. Eso es prA?cticamente lo que responde un inversionista a la protagonista de la pelA�cula cuando A�sta le pide apoyo. El zombie de Carballo es la encarnaciA?n de nuestros miedos. Hoy hay naciones que han cerrado sus fronteras a ciudadanos de Guinea, Liberia y Sierra Leona, pero no todas han enviado apoyo para tratar y contener la enfermedad. El miedo genera rechazo, evidencia nuestro egoA�smo. En Retornados, no todos los infectados mueren: pueden reintegrarse a la sociedad mientras se inyecten diariamente. Sin embargo, su identificaciA?n oficia lleva una marca que los identifica como una especie de “prezombies” y por ende todo aquel que solicite esta credencial puede conocer si alguien estA? “enfermo” a��o noa�� y rechazarlo. La cinta de Carballo tambiA�n pareciera un recordatorio y una crA�tica de esos tiempos vergonzosos en que se obligA? a los judA�os a llevar una estrella amarilla de David en el brazo y el mundo entero lo tolerA?.

Aunque Guerra Mundial Z es una oda a los efectos especiales a��predecible, como todo blockbuster que protagonice Brad Pitta��, Retornados emplea los recursos de caracterizaciA?n clA?sica en sus personajes: prA?tesis y maquillaje. La cinta de Carballo privilegia el espectA?culo, sino la crA�tica. “El gA�nero ofrece una plataforma ideal para reflexionar sobre la realidad social,A�polA�ticaA�y cultural”, dice el director espaA�ol. Hoy vivimos guiados por el miedo: a la violencia, a la inestabilidad econA?mica, a un virus que se salga de control y termine por matarnos.

Dice Carballo que un tA�tulo alterno para su pelA�cula hubiera sido “disidentes”. Cuando el antA�doto para tratar zombies se acaba en su pelA�cula, la ciudad se vuelve un caos. Los infectados son trasladados a una zona de cuarentena, escoltados por oficiales armados como si fueran criminales. Los familiares de A�stos son vistos como si hubieran estado en medio de un brote de peste bubA?nica. A?Es eso en lo que nos hemos convertido? Hacia el final de la cinta a��en la que la tensiA?n dramA?tica no deja de ascender entre escena y escenaa�� uno se siente horrorizado. Los monstruos, despuA�s de todo, no son los zombies: somos nosotros.

 

 

 

 

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