Vivir con Esquizofrenia

La Ciudad de México no cuenta con médicos suficientes para atender la esquizofrenia, a pesar de que uno de cada 100 habitantes es vulnerable a padecerla.

Luisa Cantú @luigicantu

  • Sólo hay 1669 psiquiatras en la capital, equivalentes a 18 por cada 100 mil habitantes.
  • De 10% al 60% es la posibilidad de desarrollar la enfermedad si un pariente en tu familia la padece.
  • El 40% de las mujeres que padecen una discapacidad psicosocial son esterilizadas forzadamente en la Ciudad de México.

 

Martín Ramírez

Martín Ramírez

 

Eunice se robaba las pastillas para dormir de su tío con la esperanza de callar las voces dentro de su cabeza por unas horas.

Los primeros síntomas de esquizofrenia le aparecieron en la preparatoria, sin que ella lo provocara o pudiera evitarlo, y desde entonces ha sufrido negligencia médica, discriminación laboral y múltiples episodios de violencia psicológica, pues a pesar de que en México este trastorno neurológico afecta a una de cada 100 personas, no hay doctores suficientes para tratarlo ni campañas públicas de inclusión para garantizarle una vida digna a quienes lo padecen.

De acuerdo con información del Instituto Nacional de Neurología y Neurociencia “Manuel Velasco Suárez”, la esquizofrenia es una alteración en el funcionamiento cerebral que deriva en un exceso de dopamina y distorsiona la percepción de la realidad de las personas. Es hereditario, usualmente aparece entre los 15 y 30 años de edad y no se va hasta la muerte, aunque puede controlarse.

Para Eunice, quien hoy tiene 34 años, se traducía en escuchar voces de gente que no podía ver, porque, de hecho, no existía. “Sentía que en el salón de clases las paredes se cerraban, no me daban ganas de hablar con nadie porque todo el tiempo me sentía perseguida”, cuenta.

A los 17 años prácticamente dejó de ir a la escuela “porque estaba atormentada”. Poco a poco desarrolló todos los síntomas –sensación errónea de acoso, dificultad para ordenar las ideas, alucinaciones, retraimiento, depresión y fuertes cambios emocionales- y por ello, recurría cada vez más a las pastillas para dormir.

Cuando su mamá se dio cuenta la llevó al Centro de Integración Juvenil porque pensaba que era drogadicta. No asoció sus cambios radicales de humor con los que tuvo su propio padre -abuelo de Eunice-, su hermano o su sobrina, todos equizofrénicos.

“El factor genético es importantísimo, si uno tiene familiares enfermos el riesgo aumenta, por ejemplo, para la población general, es decir, las personas sin familiares con esquizofrenia, la posibilidad de desarrollarla es del 1%, mientras que para las personas con familiares que la padecen el riesgo va del 10 al 60% según la cercanía”, explica el doctor Miguel Herrera, encargado de la Sección Académica de Esquizofrenia de la Asociación Psiquiátrica Mexicana.

Pasaron varios meses antes de que una psicóloga del Centro de Integración Juvenil, a donde Eunice iba regularmente, sospechara y la canalizara al Hospital Psiquiátrico Infantil “Juan N Navarro” -uno de los cuatro psiquiátricos en la capital- a hacerse estudios.

“Cuando llegué no podía dejar de reírme, no porque estuviera divertida pero estaba fuera de la realidad… me internaron esa misma noche, igual que yo todas eran bien raras, se me quedaban viendo… Me sentía mal de dejar a todos mis amigos y toda mi vida pero sabía que era necesario”, narra Eunice, una de las aproximadamente 300 mil personas vulnerables a este padecimiento en la Zona Metropolitana del Valle De México, según información de la Encuesta Nacional de Psiquiatría.

Esa fue la primera de siete veces que ha sido internada por episodios graves de esquizofrenia.

“Cuando los pacientes deben ser internados es porque se les va a cambiar el medicamento y deben estar en observación, cuando son un riesgo para ellos o alguien más o por razones sociales como no tener familia que los ayude”, explica el doctor Herrera.

Eunice pasó en el Hospital Navarro tres meses enteros y cuando salió se dedicó a terminar la preparatoria abierta, sin dejar de acudir a consultas. Su dictamen médico final indicó que “era incapaz para el trabajo”.

De acuerdo con Herrera “una vez que la enfermedad se detona no hay vuelta atrás, toda la vida lo van a tener pero entre más pronto se atienda mejor le va a ir al paciente… Los pacientes que no se atienden a tiempo van perdiendo las capacidades intelectuales y entonces eso les dificulta reintegrarse socialmente. El 30% de los pacientes en el DF lleva una vida normal; otro 30% son lo que llamamos pacientes con deterioro, los que ya no tienen capacidad de trabajar y otro 30% siempre tiene síntomas como ideas delirantes o alucinaciones”.

Eunice buscó trabajo a pesar de su diagnóstico, en Yakult había logrado un puesto como repartidora a domicilio pero cuando entregó su ficha médica le dejaron de contestar el teléfono y no supo más de la empresa.

Hoy se dedica a comprar cosméticos y ropa al mayoreo que vende a sus conocidos, asegura que gana hasta 200 pesos diarios.

Tras 17 años de lucha contra la enfermedad, ha logrado controlarla y ahora sólo toma tres pastillas antidepresivas en la mañana y un anti-psicótico por las noches.

Conoció a un hombre, también esquizofrénico, con quien se casó, sin embargo, cada uno vive con su respectiva madre y no podrán formar un hogar juntos debido a su condición.

Con él tuvo una hija, que este 2015 tendrá 5 años de edad y por quien tuvo que pelear contra su mamá y su ginecóloga, quienes casi la obligaron a abortar cuando supieron la noticia.

Recuerda que cuando se embarazó y fue a consulta, su médica le dijo a su mamá “lo mejor es que no lo tenga”. A ella no le dirigió la palabra.

Eunice estaba en un momento difícil de la enfermedad y no podía expresar con claridad que ese no era su deseo.

Fue hasta que acudió a hacerse un ultrasonido que logró decirle a la encargada que la querían obligar a abortar y ella abogó a su favor, aunque influyó que el embarazo ya estaba muy avanzado.

Lo que le pasó a Eunice no es un caso aislado, el 40% de las mujeres que padecen una discapacidad psicosocial (esquizofrenia, desorden bipolar, depresiones, entre otros) son esterilizadas forzadamente en la Ciudad de México, como reveló un informe realizado por Disability Rights International.

Los abusos cometidos contra estas mujeres – 20% ha sido violada por su ginecólogo de acuerdo con el mismo informe – siguen en la oscuridad, al igual que la enfermedad.

Todavía sabemos poco de este padecimiento, dice Herrera, “la investigación no avanza tanto como la terapia y la farmacología, tal vez se debe a que somos muy pocos. En el Distrito Federal no hay ni 50 especialistas en esquizofrenia”.

De hecho, de acuerdo con el estudio Los especialistas en psiquiatría en México, su distribución, ejercicio profesional y certificación, elaborado por cuatro académicos del departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la UNAM en 2012, hay sólo 1669 psiquiatras en la capital, equivalentes a 18 por cada 100 mil habitantes y de esos la mayoría se dedica a atender trastornos de ansiedad y depresión.

A eso se debe la cantidad tan baja de consultas que registran los hospitales. El Informe sobre el Sistema de Salud Mental en México 2011, revela que durante ese año sólo hubo 2 mil 167 pacientes en hospitales psiquiátricos y otros 1 909 pacientes atendidos en servicios ambulatorios.

El mejor combate es poner mucha atención a los síntomas para la detección más temprana posible, dice Herrara, “si los niños son aislados, no tienen buen desempeño escolar, aprenden a hablar y caminar más tardíamente, es una alerta”.

El informe de Disability Rights International sostiene que “las dos principales razones que la sociedad utiliza para “justificar” que las mujeres con discapacidad no deban tener hijos o formar una familia son que transmitirán su discapacidad a los hijos y que no tienen capacidad para ser buenas madres”.

Eunice no sabe si su hija padecerá la misma enfermedad que ella y su esposo, pero asegura que no se arrepiente de haberla tenido. Mientras la incertidumbre sigue, lo mejor que puede hacer por su pequeña, dice, es ser un ejemplo de que es posible tener una vida digna, con esquizofrenia o cualquier otra discapacidad psicosocial.

 

 

¿Qué hacer durante una crisis?

 

Según el Instituto Nacional de Neurología y Neurociencias, las crisis a menudo suceden cuando el paciente está sin medicamento. Por lo tanto, es común que el paciente presente alucinaciones, delirios, trastornos del pensamiento y/o alteraciones del comportamiento y la emoción y que esta situación alarme a la familia tanto como al paciente.

 

Ante la crisis:

 

-Recuerde que es imposible razonar frente a una crisis aguda.

-No muestre irritación o enojo; mantenga la calma y control.

– Disminuya de inmediato otras distracciones: apague la televisión, el radio, etc.

-Con calma pida a los presentes (amigos, familiares, etc) que se retiren. Hable tranquila, firmemente y con sencillez.

-Manifieste comprensión, frente a lo que el paciente está experimentando.

-Si la crisis es violenta, es posible que no haya tiempo de seguir las estrategias anteriores, no dude en llamar al hospital o a su médico.

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