Veteranos deportados, hA�roes desechables

El paA�s al que defendieron les dio una cruel lecciA?n: de nada sirve arriesgar laA�vida para convertirse en estadounidense. Son veteranos deportados por cometer un delito, son hA�roes caA�dos en desgracia.

Por Ignacio de Alba @ignaciodealba

HA�roes desechables

a�?Yo solemnemente juro (o afirmo) apoyar y defender la ConstituciA?n de los Estados Unidos en contra de todos los enemigos, extranjeros o domA�sticos; apoyarA� con lealtad y fe. Yo obedecerA� las A?rdenes del Presidente de los Estados Unidos y las A?rdenes de los oficiales designados sobre mA� de acuerdo con las regulaciones y conforme al CA?digo Militar de Justicia. Entonces ayA?dame Diosa�?A�A�(Juramento de alistamiento de la U.S. Army)

 

HA�ctor Barajas lleva puesto un traje verde olivo perfectamente alineado y una boina roja. Las condecoraciones le cuelgan de un saco que deja relucir los dobleces que siguiA? la plancha desde el cuello hasta el dobladillo del pantalA?n. El hombre, de 45 aA�os y originario de Fresnillo, Zacatecas, llega al Parque Binacional de Tijuana en busca de apoyo para Veterans Without Borders, la organizaciA?n que fundA?A� y que busca reunir a ex militares que quieren regresar con sus familias en Estados Unidos.

En el Parque Binacional en Playas de Tijuana se abre una de las vallas de la frontera para que familiares del lado mexicano y estadunidense se puedan ver cada domingo. Separados por una reja Barajas se reA?ne con otras organizaciones civiles para ganar apoyo.

a�?Es con lo que me quedA�a�?, dice sobre su uniforme, con un espaA�ol que bordea los lA�mites del inglA�s.

Orgulloso de lo que llama a�?su binacionalidada�?, este veterano que llegA? a Estados Unidos cuando tenA�a 7 aA�os cuenta cA?mo, despuA�s de haber jurado por su paA�s fue expulsado porque, borracho, le disparA? a un coche en movimiento.

Antes, fue paracaidista en Carolina del Norte. Sus padres viven en Los A?ngeles, California. Su hija y su esposa lo esperan allA?.

a�?Nos pusimos en riesgo por ese paA�sa�?, resume Barajas.

NingA?n veterano de guerra en Estados Unidos imagina tener un final tan amargo como el del soldadoA� HA�ctor Barrios.

El tijuanense emigrA? a los Estados Unidos cuando tenA�a 18 aA�os, en 1961. Seis aA�os despuA�s se enlistA? en el ejA�rcito estadounidense y fue enviado a Vietnam a pelear con la Primera DivisiA?n de CaballerA�a. La esquirla de una bomba vietnamita terminA? con su viaje en 1969 y HA�ctor regresA? a su casa en Los A?ngeles con una herida en la cabeza y la condecoraciA?n mA?s antigua otorgada por el ejA�rcito norteamericano: el CorazA?n PA?rpura.

Pero Vietnam lo persiguiA? el resto de su vida. La guerra le llegaba a Barrios en sueA�os, en olores, en sabores o a veces solamente llegaba, sin avisar. La mariguana le ayudaba con el trastorno por estrA�s postraumA?tico yA�con las explosiones descontroladas de adrenalina. Una noche, el ruido de una compactadora lo hizo brincar de su cama y corriA? al techo de su casa aterrado, para pelear o huir en una trinchera imaginaria.

En 1999, Barrios fue detenido por posesiA?n de mariguana y deportado a MA�xico. En Tijuana viviA? de barrer y limpiar un carrito de tacos por 50 pesos diarios. PerdiA? la atenciA?n mA�dica y la pensiA?n econA?mica que recibA�a del U.S. Department of Veterans Affairs.

El hombre condecorado por el EjA�rcito estadunidense muriA? a los 71 aA�os, pobre y lejos de su familia.

La muerte de Barrios, en abril de 2013, fue la primera de un veterano de guerra deportado en MA�xico. Sus compaA�eros, amigos y familiares pidieron al Presidente de Estados Unidos, Barak Obama, que permita el regreso a todos los ex militares deportados para que puedan gozar de los derechos de salud y retiro.

Su historia es la de decenas de veteranos de guerra que nunca pudieron regularizar su situaciA?n y que han sido deportados por cometer algA?n delito. Dejan en el paA�s por el que pelearon a sus hijos, esposas, madres, familiares, amigos, pero se llevan a sus lugares de origen las secuelas de la guerra.

Es uno de los aspectos poco conocidos de la migraciA?n a Estados Unidos, paA�s donde miles de jA?venes extranjeros se han enlistado en las fuerzas armadas con la idea de que al arriesgar su vida el paA�s por el que combaten los admitirA? como uno de los suyos. Pero es una esperanza que muere al terminar el servicio, cuando los traumas de la guerra hace mA?s difA�cil su adaptaciA?n a la sociedad que, incluso antes de portar un uniforme, ya los despreciaba. Organizaciones civiles conocen el caso de unos 500 ex militares mexicanos que fueron deportados a su paA�s, pero la cifra puede ser mayor pues muchos regresan en silencio a sus comunidades de origen. Otros se quedan en las ciudades de la frontera.

En Tijuana, el A?nico refugio que HA�ctor encontrA? fue con otros veteranos deportados, muchos llegados de Irak, del Golfo PA�rsico, Kosovo, AfganistA?n, Vietnam y de las bases americanas alrededor del mundo.

a�?A�l es nuestro hermano: lo dejaron caera�?, dice Alex Murillo, un ex marino nacido en Sonora que fue deportado en 2011 por manejar un camiA?n que transportaba mariguana, aunque A�l asegura que no loA� sabA�a.

A�Una situaciA?n similar es la de FabiA?n Rebolledo, originario de Cuernavaca, y a quien la esperanza de ser el primero de su familia en convertirse en ciudadano norteamericano lo impulsA? a enlistarse en el EjA�rcito. PensA? que lo habA�a logrado despuA�s de servir en una compaA�A�a de paracaidistas en Kosovo, en 1999, donde le asignaron la tarea de barrer la destrucciA?n de los aviones y los cadA?veres desmembrados.A� a�?Me volvA� mA?s frA�o, me hice mA?s duroa�?, explicA? en un seminario en el Colegio de la Frontera Norte.

Cuando regresA? a Los A?ngeles se dedicA? a trabajar en empleos comunes entre indocumentados y se dio cuenta de que haberse enlistado en el ejA�rcito no lo convertA�a en ciudadano norteamericano. a�?SA?lo acelera el procesoa�?, le dijeron. TrabajA? haciendo mantenimiento en casas hasta que fue acusado por tratar de hacer un fraude financiero al tratar de cobrar un cheque sin fondos por 750 dA?lares.

Fue encarcelado y deportado, como a cualquier otra persona que vive sin documentos migratorios en Estados Unidos.

HA�ctor Barrios, HA�ctor Barajas y FabiA?n Rebolledo tienen algo mA?s en comA?n: cuando regresaron, no habA�a nadie del lado mexicano de la frontera para recibirlos. Llegaron a las calles de una ciudad que apenas conocA�an y cargaban los recuerdos de un paA�s que los expulsA?. Del paA�s que juraron defender.

 

El Parque de la Amistad de Tijuana, es el lugar de reuniA?n de veteranos que esperan ser atendidos por el gobierno de los Estados Unidos.

El Parque de la Amistad de Tijuana, es el lugar de reuniA?n de veteranos que esperan ser atendidos por el gobierno de los Estados Unidos.

 

Recientemente, el veterano deportado Gerardo GarcA�a fue encontrado muerto por una sobredosis de drogas en un hotel de Tijuana.

Los suicidiosA� son cotidianos en ex militares de guerra, segA?n el Departamento de Asuntos de Veteranos (Department ofA� Veterans Affairs). El informe a�?Suicide Data ReportA� 2012a�? revela que mA?s de veinte soldados se suicidaron cada dA�a desde 1990 hasta el 2010, lo que equivale a mA?s de 87,600 ex militares.

SegA?n el mismo informe 5.4 por ciento de ellos son hispanos, aunque no suma los suicidios de veteranos que se efectuaron en Texas ni California, lugares con la mayor poblaciA?n hispana, tampoco los suicidios ocurridos en MA�xico son contabilizados.

Gerardo GarcA�a muriA? desprotegido por la ley americana y lejos de la LA�nea de Crisis, una lA�nea telefA?nica que soporta y apoya a veteranos que estA?n en riesgo de cometer suicidio.

Fue expulsado con su hermano AgustA�n GarcA�a, quien vive en Tijuana en un centro de rehabilitaciA?n donde pelea con su adicciA?n al alcohol. SegA?n sus compaA�eros, lidiar con la tensiA?n de la deportaciA?n y los recuerdos de la guerra es mA?s difA�cil lejos de su familia.

Para Alex Murillo, en cambio, mantenerse ocupado lo hace salir adelante; por eso fundA? un equipo de futbol americano en Rosarito que A�l a�?coucheaa�?.

El hombre, de 37 aA�os y padre de 5 hijos, apenas habla espaA�ol. En la armadaA� trabajA? en un portaviones. Ahora, dice, utiliza las reglas bA?sicas que le enseA�aron en la guerra para salir adelante en Rosarito, cerca de Tijuana: a�?improvisar, adaptarse y vencera�?.

a�?Nos pueden sacar de nuestro paA�s pero no pueden sacar a nuestro paA�s de nosotrosa�?, dice Murillo.

El fenA?meno de los veteranos deportados se acrecentA? en 1996, cuando Bill Clinton aumentA? la cantidad de delitos que pueden ser castigados con la deportaciA?n para los indocumentados; ahora conducir en estado de ebriedad una bicicleta, por ejemplo, es motivo de deportaciA?n.

Aunque no hay un registro oficial de veteranos deportados, la organizaciA?n de HA�ctor Barajas ha contactado con 500 ex militares deportados en 19 paA�ses, gente devuelta despuA�s de haber estado en servicio.

Los ex combatientes deportados condecorados ahora solo tienen tres formas de regresar a lo que consideran su patria: si cambia la legislaciA?n,A�si el presidente lo ordena o si se mueren.

Si quisieran ser enterrados en un panteA?n militar, despuA�s del rA�quiem, un oficial entregarA? la bandera estadounidense a sus familiares y les dirA?:

a�?En el nombre del presidente de los Estados Unidos y el pueblo de una naciA?n agradecida, le doy esta bandera como sA�mbolo o reconocimiento por el servicio honorable y fiel dado por su ser querido a esta naciA?na�?.

Nada mA?s.

En Veteranos sin Fronteras conservan disciplina y educaciA?n militar. Este aA�o inauguraron su albergue para veteranos y siguen dando una batalla jurA�dica por regresar a lo que consideran su patria.

Cuando encuentran a un exmilitar viviendo en la calle, por casualidad o porque simplemente llega en busca de apoyo, HA�ctor Barajas le entrega una playera con el lema de la organizaciA?n, que es el mismo que les hicieron aprenderse cuando estaban en combate: a�?No dejamos a ningA?n hombre atrA?sa�?.

 

 

ImA?genes: Prometeo Lucero

Este texto fue A�forma parte del proyecto En el Camino, realizado por la Red de Periodistas de a Pie con el apoyo de Open Society Foundations.A�

Comentarios

Comentarios