Una diva de buen carácter: Freddie Mercury

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Por Ximena Natera

Múnich Alemania

Marzo 1990

Un cigarro, ligeramente más ancho que cualquier Marlboro, en la boca. Inconfundible bigote negro. Cejas pobladas. Ojos negros que evitan contacto con cualquier otro par, hasta que a regañadientes alza la vista y la mirada elusiva se convierte en penetrante.

 Habla rápido, sin perder articulación, su boca se mueve relativamente poco, algo raro en cualquier inglés, probablemente para evitar cualquier tropiezo con el acento de su natal Zanzibar,Tanzania, o tal vez para disimular un poco su prominente dentadura.

 Sus piernas largas, envidia de cualquier modelo brasileña, se cruzan frente a Él pero su fama de inquieto e impasible se justifica cuando empieza a golpear su muslo con una pluma al ritmo inconfundible de “I want to break free”.

 “Freddie” dice su guardaespaldas desde la puerta: “Llegaron 5”

 El rítmico golpeteo para. Freddie me mira un segundo, luego hacia la puerta. Tuerce la boca con el cigarro al tiempo que se levanta del único sillón en el pequeño cuarto y murmura: “Perdona”

 Se dirige al hombretón y palmea su espalda .

La puerta se abre y “los 5” suenan más como una horda de 50. Entre gritos y llantos, el Rock Star bromea con sus fans, los abraza, firma un par de autógrafos y agradece su presencia.

 El guardaespaldas jala discretamente a Freddie de la puerta al tiempo que empieza a cerrarla pese a las súplicas de un par de mujeres: “Unos momentos más por favor…”

 El ídolo regresa a su asiento y sonríe complacido: “Siempre he admirado a los pocos que burlan a mi equipo de seguridad, estaba casi seguro que esta vez no llegarían hasta el camerino”

 El silencio se instala unos segundos y de pronto no sé qué preguntar. La imagen del hombre frente a mí no es lo que esperé, la súper estrella, el excéntrico devoto de sus fans pero ajeno a la prensa. Sentado ahí, en un camerino casi austero, sin ningún bufón para entretenerlo, ningún tigre de bengala teñido de morado, sólo un piano electrónico, una tetera reluciente, sus respectivos tés, un radio.

 A diferencia de hace un rato, en el escenario, su torso no está cubierto por un saco de terciopelo color escarlata, ni sus piernas embutidas en pantalones de vinil gris aperlado. Se ve igual de cómodo con los jeans claros y rectos que le quedan como guante y la suave camiseta de algodón blanca sin mangas con cuello tipo cuchara que se le pega al cuerpo, las clavículas enmarcan sus hombros. Ha perdido peso o podría ser solo la diferencia de verlo en persona, sin el mediador que es la pantalla.

 Serio, dice: Me vas a entrevistar ¿Verdad?

La pregunta sale disparada de mi boca en ese instante:

¿El cabecero de tu cama es un piano?

Es un rumor que circula entre sus fans, una excentricidad creíble de alguien, dicen, vive de la música.

Suelta una carcajada y asiente con la cabeza “Cierto”

¿Aprendiste a tocar al revés, desde tu cama, para cuando se te ocurriera alguna melodía en medio de la noche?

“Cierto de nuevo”

Es mi turno de reír tontamente.

¿Algún ejemplo?

In my defence” -dice casi en un murmullo, se aclara la garganta después de dar una calada al cigarro y repite el nombre, esta vez más seguro. -“Aunque con esa canción lo que vino a mí fue la música, las notas tocaban una y otra vez en mis sueños hasta que me desperté para tocarla. La letra llegó tiempo después y de pronto la conexión entre las escuetas notas que me habían despertado y las palabras de In my defence fue bastante obvia.

 ¿Tus composiciones pasan así? ¿conectan?

“¡Oh, no querida!”- ríe ¿de sí mismo?- No, definitivamente no, a veces como con Killer Queen todo está ahí para que lo escribas, es algo natural algo que está destinado a pasar, pero hay otras como Bring Back that Leroy Brown, en donde yo sé sobre que quiero escribir pero las ideas no encajan, se necesita darle tiempo y concentración a la tarea, puede llevar demasiado tiempo, al final las dos son igual de buenas, pero el proceso es diferente.

 ¿Cuál de estas prefieres?

“Supongo que las dos” –duda durante unos segundos- “Los procesos naturales son siempre maravillosos, yo sólo los ejecuto, pero siempre he disfrutado los retos, una canción es una investigación, se hace bajo un proceso ya determinado, por mí, y repito el experimento una y otra vez hasta que el resultado es el adecuado. Por otra parte siempre tiene que existir la justificación, si una canción no se explica por sí misma cuando la interpreto, la desecho. Hay muchas cosas de las que escribir como para conformarme con “cosas buenas”. Hay que apuntar a lo extraordinario.”

 Este es el Freddie Mercury que los fanáticos, la prensa y el mundo conoce, el que sabe que cuando sube a un escenario la audiencia calla y escucha para luego reventar en euforia, el que comenzó una banda con el único propósito de ser “La Banda” y cualquier cosa menor a eso, para él, es “desechable”.

 -Eres perfeccionista…

“No”- esta vez su cara está seria, sólo mueve levemente la cabeza en negativa- “Perfección es monotonía, pero siempre he tenido un gran interés en los detalles, al final es lo que hace la diferencia.”

-Ustedes son la diferencia?

Sí no duda, no se disculpa – Somos lo suficientemente originales. Todos nosotros, Bryan (May), Roger (Taylor) y John (Deacon) respetamos y amamos lo que hacemos, cada uno tiene un talento que ha hecho de Queen lo que es. Ninguno sería nada especial si no fuera por la composición que logramos.

 ¿Cómo ha influido la crítica en ti, combustible o bache?

-Dios santo, ha sido ambas toda mi carrera, cuando iniciamos creíamos que éramos indestructibles, o por lo menos eso creía yo, si la crítica era negativa me alentaba a seguir el mismo rumbo. Inmadurez, me atrevo a decir. Me tomó tiempo entender que tu juicio está viciado, y que la gente que critica, no que ataca, tu trabajo busca un producto aún mejor. A esa gente escucho… ahora.

¿Cómo resistir una década de estrellato con la autoconfianza intacta?

“Ja! La autoestima es algo fundamental en este negocio, siempre va a haber personas que no piensan como tú, no es personal, sólo son diferentes, lo único que puedo hacer es asegurarme de dar lo mejor que tengo. Confío en mi capacidad y trabajo mucho para lograr lo que quiero.” Hace una pausa “No me gustan las cosas regaladas.”

 ¿Es estresante?

“¿Qué, ser yo?” dice con sorna mientras saca de su pantalón una caja plateada con cigarros y enciende otro. Con la primer calada cierra los ojos y da un leve suspiro. Su cara se relaja por segundos, vuelve a mirar el piso.

 ¿Es estresante ser Freddy Mercury? Repito y el levanta la mirada del piso y la direcciona hacia su guarda espaldas junto a la puerta. “Supongo que no es algo de lo que me debería de quejar, suena ingrato y engreído, pero la presión es muy grande, todo el mundo te observa y tienen una imagen diferente de ti, quieren que lo seas todo y no te conciben como una persona real, eres un ídolo sin defectos- hace una larga pausa- ese no soy yo”

 Mercury quien, si bien, puede incendiar un público de 50 mil personas con una sola canción, es conocido por ser una persona muy reservada con desconocidos. La Reina, fuera de su trono, es tímida.

 “A veces- dice regresando a los susurros- después de las giras todos en el grupo tenemos falta de hambre, insomnio o, peor aún, sueños bizarros. Después del último concierto en Londres, soñé que estaba en el escenario y los brazos y piernas se me caían a cachos y no me podía mover porque estos se quedaba atorados en mi ropa…- suelta una carcajada sin humor- Supongo que lo que más me estresa, siempre lo ha hecho- aclara- es que me tomen/vendan, no sé, como un modelo a seguir. Es… ah… Sex Simbol es fácil, es divertido. Pero un ejemplo a seguir es otra cosa por completo, soy un hombre común con errores… tengo vicios, soy normal.”

Un silencio largo se instala en el pequeño cuarto iluminado con bombillas doradas, el reflejo del sillón verde le da un brillo aceitunado, se ve sereno, delgado y… agotado.

-Nunca he querido cambiar al mundo, no soy un salvador. Pero si esto sucede será una consecuencia de mi búsqueda de la felicidad, eso es lo más importante para mí, lo que siempre he buscado por medio de la música. Mi felicidad y la de los que amo. Si soy feliz, se refleja en mi trabajo. Durante toda mi vida he juntado recuerdos, experiencias y felicidad. He fallado y he aprendido, no repito un error dos veces, créeme. – Calla un segundo y luego sonríe al añadir: “Bueno, excepto con las personas, con las personas, he cometido muchos errores, creo sinceramente que soy alguien fácil de amar, soy agradable y sincero, no es pomposidad, querida, es verdad, por mi parte también soy fácil de enamorar y eso me ha hecho tropezar muchas veces, pero me levanto. Siempre me levanto.”

 Otro cigarro se acaba entre sus labios marcando el tiempo de la propia entrevista, quedan unas últimas preguntas por hacer:

 ¿Rezas?

“ A veces”

¿A quién?

La esquina derecha de su labio se levanta en una media sonrisa que muestra sus dientes amarillentos por el cigarro y el café “La verdad no lo sé, nunca lo he sabido”

¿Por qué rezas?

Esto lo deja momentáneamente callado, sus ojos evitan los míos y se mira las manos, dubitativo.

“Por cosas, cosas que pasaron, cosas que van a pasar, por los que amo y me aman”

 ¿Te ha hecho feliz lo que has logrado, eres feliz?

No habla, pero asiente con la cabeza, un asentimiento tan ligero que me hace preguntar que tan seguro está de ello.

 ¿Lo volverías a hacer todo?

La voz, un poco más delgada que antes, confirma la respuesta anterior: “Si, lo haría, aunque cambiaría unos cuantos detalles, porque como ya dije… en los detalles está la diferencia.”

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