Un simple domingo.

Por Sebastián Gutiérrez Garzona

Es un ritual, una gran tradición, una forma de vivir, de sobrevivir al caos de este gran monstruo que todos conocemos como “Ciudad de México”. Domingos al medio día, cada quince días, no existe pretexto alguno para faltar a esta cita, no importa que tan cansado esté el cuerpo, ya sea por el exceso de “garnacha” que comimos en la semana, por los estragos que dejan los viernes y/o sábado de fiesta interminable en la ya mencionada urbe, o por el cumpleaños de la abuelita. No importa si “Hugol” está rompiendo las redes con sus chilenas, si el “Kikín” está mandando la pelota a la tribuna, o ya de perdida si tenemos a un infiltrado de Coapa como entrenador. Pase lo que pase, ahí estaremos apoyando a Pumas, visitando esta enorme escultura, que seguramente el que lo ha visitado ya sabe perfectamente de que estoy hablando, es un inmueble que lleva casi 60 años haciendo historia, es el Estadio Olímpico Universitario.

Todo un recorrido para llegar aquí, normalmente no hay tráfico, obviamente este depende de cuál sea el equipo visitante, cuidado cuando sea alguno de los otros equipos del D.F., o las chivas, que su afición normalmente no falla, tampoco hay que preocuparnos tanto ya que el lugar está muy bien planeado y todas las maneras posibles para llegar son bastante fluidas y existen muchos medios de transporte que te pueden llevar hasta aquí. Llegando desde la avenida de los insurgentes, lo primero que se hace notar es este enorme mural, marca que dejo el gran Diego, y no hablo del 10, no hablo del principal participante en la escena que bien conocemos como “la mano de dios”, hablo de otro muy conocido por estos rumbos que llevaba por apellido “Rivera”, el diseñó y creó esta magnífica obra, aunque Diego no haya tenido tiempo para terminarla, con lo poco (relativamente hablando) que alcanzó a plasmar en los muros del estadio, dejó para la vista de cualquier espectador algo impactante. Después de ver el mural, si seguimos rodeando el estadio por fuera, se puede apreciar perfectamente la impactante forma que tiene simulando el cráter de un volcán, también se alcanzan a ver las dos modificaciones que se le hicieron para que este pudiera ser sede de los juegos olímpicos de México 68, una es la creación del popularmente llamado “palomar”, que es una especie de palco colocado en la parte más alta del lugar en el lado opuesto a la avenida de los insurgentes, en este palomar se coloca toda la prensa y los directivos del equipo, así que por si alguna vez quieren recordarle a sus seres queridos a García Aspe o alguno de los directivos en turno, justamente ahí es a donde tendrán que voltear. La otra modificación es la del pebetero, donde estuvo prendida la flama olímpica en los juegos, este se encuentra en la parte de arriba del lado oriental del estadio justo en frente del palomar, alineado con la línea de medio campo. Otro cambio que tuvo el estadio, de hecho hace unas pocas semanas, fue el de cambiar la obsoleta pantalla que tenía, por una muy moderna pantalla gigante, para que todos y cada uno de los espectadores pudiéramos ver repeticiones en bastante buena definición ya sea de día o de noche, de cómo Cortés mete sus típicos golazos, o de perdida los ya famosos fiascos de los Pikolines, todo esto en un gran tamaño ya que esta pantalla es por el momento la más grande de todo el futbol mexicano.

Regresando al recorrido de cada domingo, antes de entrar a ver un buen rato de fútbol, no se puede evitar, (como en cualquier rincón de este país) probar las delicias gastronómicas, típicas de muchos estadios, unos cuantos famosos “tacos de canasta”, o los ricos tacos de bistec con longaniza junto con sus respectivas y muy picosas salsas.

Ha llegado el momento de entrar, pero primero hay que decidir desde que parte del estadio queremos ver el encuentro, a mí, muy en lo personal, me gusta más ver el partido desde las alturas del palomar, aunque para los que les gusta apoyar al equipo cantando y saltando, durante todo el partido, pueden hacerlo junto con La Rebel, del lado del pebetero, otros prefieren verlo desde la cabecera norte, o si son de esos bichos raros que van a ver al equipo visitante, lo más prudente que pueden hacer, será que vayan a la cabecera sur. Para los “pudientes” esta la parte de abajo, que es la zona en la cual se encuentran los palcos, a muchos nos parece que se ve mucho mejor desde arriba, pero muchos otros prefieren la sombra y comodidad de los asientos en la planta baja.

Ya cuando cada quien está sentado o parado, pero situado en el lugar que eligió, solo falta una cosa para poder disfrutar al 100% este encuentro, que aparezca el güero, con su charola de cervezas bien frías y espumosas. Todo listo, saltan a la cancha los 22 encargados de entretenernos en los próximos minutos, aunque a veces otros quieran llevarse el crédito, “Chiquimarco” por no decir nombres. Se acerca uno de los momentos más emotivos de la tarde, todos los que pueden llegar a ser hasta un poco mas de 60,000 espectadores, con el brazo derecho en alto, entonando el himno universitario y para concluirlo con un poco más de emoción, la porra de los Pumas, un Goya que se escuche hasta el estadio Caliente de Tijuana o el Andrés Quintana Roo. Ahora si lo único que falta, teniendo el sol a todo lo que da, justo a la mitad del cielo, apuntando directamente a nuestras cabezas, que se dé el pitazo inicial, o mejor dicho “Que comiencen 90 minutos, del deporte más hermoso del mundo”, como diría un grande en el ámbito de las narraciones deportivas, el buen Luis Omar Tapia.

Lo que viene ya es historia, algunas veces vemos partidos con muy buen fútbol, muchos goles y otras veces nos quedamos más de hora y media esperando a que llegue el gol, pero eso no importa, el buen rato que pasamos apreciando este precioso estadio, teniendo esta imagen del edificio de rectoría de la UNAM visto desde el palomar, o un poco más a lo lejos la biblioteca de la misma institución, es algo incomparable.

Así termina este día, aunque salgamos tristes porque pierde el equipo o felices por el triunfo, esto se repetirá cada que Pumas salga a la cancha. Mucha gente no entiende el significado de esta tradición, piensan que es solo ir a ver un simple partido, que es ir a gritar sin razón, o a emborracharse nada mas, pero todos los que han vivido esta situación no me dejaran mentir, esto no es solo un estadio, no es solo un partido de fútbol.

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