Sin ayuda y sin nombre

 

Por Uriel SalmerA?n @urisalmeron

Encontrarse a un enfermo en las banquetas de la Ciudad de MA�xico puede tornarse en una aventura para cualquier transeunte. Esta es la historia de una travesA�a en cA�rculos.

Sin nombre, un nA?mero mA?s. Abandonado a su suerte porque por A�l A�no se puede hacer nada mA?sA�. No tiene fuerzas ni para quejarse, yace inmA?vil. De sus labios borbotea una espuma grumosa y blanquecina. Los curiosos lo admiran en su andar sin cortar el paso. Alguna seA�ora, acompaA�ada por su hijo de aproximadamente 5 aA�os, se apiada un instante de A�l:

-SeA�or, seA�ora�� A?estA? bien?- repite un par de ocasiones. No hay respuesta: ni un guiA�o. Pareciera que estA? hablando con el viento.

Al encuentro se suman mA?s filA?ntropos. Un par de jA?venes lo sitA?an de lado para que A�no se vaya a ahogarA�. El mA?s alto de ellos saca el celular de su bolsillo derecho y teclea fA?ricamente el cerosesenta.

-Hay un seA�or tirado en la callea�� estA? inconsciente y tiene espuma en la bocaa�� estamos sobre Insurgentes, a la altura del metrobA?s Sonora.

La autoridad atiende y promete enviar apoyo cuanto antes. Una patrulla, una ambulancia: la ayuda se manifestarA? de alguna manera.

***

Han pasado mA?s de cincuenta minutos y ningA?n servicio mA�dico ha llegado. Tres sirenas han vacilado el destino del sinnombre.

A�Puede tratarse de un ataque de epilepsiaA�, comenta la seA�ora mientras intenta colocar un paA�uelo azul en la comisura de su boca. Al acercA?rsele se percata de un tufo alcohA?lico: A�huele a vino, este estA? bien borrachoA�, menciona mientras se construye una sutil sonrisa en su rostro. A�EstA? borrachoA�, vuelve a repetirse como para justificar su marcha. Y se marcha.

Al fin una patrulla circula las cercanA�as. Los jA?venes le hacen la parada como si se tratara de un taxi. Los oficiales de la delegaciA?n Azcapotzalco se orillan y preparan a atender la A�situaciA?n emergenteA�.

-Este viene pedo. Se tomA? sus alcoholes- atina a pronunciar el oficial V. A?Amigo, amigo! Noooooooa�� este estA? en su viaje.

-A?Entonces quA� procede? No ha llegado ninguna ambulancia.

-A este no te lo van a recibir en ningA?n lado. En los hospitales te van a decir que no lo reciben por borracho y un juez civil tampoco lo acepta porque no estA? haciendo ningA?n delito ni tomando en la vA�a.

-A?Ustedes se hacen responsable de A�l?- comenta de nueva cuenta uno de los chavos, el que alertA? por el celular.

-A?Responsable de A�l? Ni que fuera su madre. Yo no le dije que tomara.

Mientras el oficial V. exponA�a A�argumentos de pesoA�, su pareja conectaba con los servicios policiales encargados de atender las necesidades de la colonia Roma. A�A este lo sacaron del metrobA?s hace como dos horas y lo trajeron aquA�A�.

-Nosotros ya nos vamos, jA?venes. Esta no es ninguna emergencia.

-A?Entonces ustedes se hacen responsables de cualquier cosa que le pase?

-Ya le dije, joven. Yo no lo obliguA� a tomar, A?verdad?

***

Al cabo de unos minutos arriban al lugar un paramA�dico motociclista y un policA�a de la zona.

-Al seA�or lo revisA� hace como dos horas que lo sacaron de la estaciA?n- comenta el paramA�dico. No tiene sA�ntomas que nos haga pensar que tiene algo mA?s grave que una intoxicaciA?n.

El paramA�dico trata de enderezar al sinnombre con apoyo del policA�a e inicia una nueva inspecciA?n. Ilumina las retinas tras abrirle los pA?rpados. Pica sus costillas buscando una reacciA?n, y ante esta, desestima varios diagnA?sticos. A�Si esto no hubiera pasado, tendrA�amos algo para actuar o tratar de llevarlo a un hospital, pero noA�.

-A?Y ahora quA� procede?- repite uno de los jA?venes. Este seA�or no se puede quedar aquA� tirado en la calle. Si se voltea un poco se cae a la vA�a.

-Lamentablemente no lo pueden recibir en ningA?n lugar. En el hospital porque estA? borracho y un juez, pues no estA? haciendo ningA?n improperio. Lo mA?s que se podrA�a hacer es llamar a algA?n familiar, pero a nosotros no nos permiten inspeccionar las pertenencias en estos casos.

-A?Y si lo hace un ciudadano?

Con total desconocimiento de lo que la ley permite o castiga, uno de los chavos tomA? la cartera del viajado. Sin dinero e identificaciA?n alguna. SA?lo un par de nA?meros telefA?nicos con resultados infructA�feros. Nadie lo conocA�a, nadie dio cuenta de A�l.

Tras intentarlo todo, se decidiA? hacer lo A?nico que tenA�a sentido: el paramA�dico y el policA�a colocaron a quien decidieron nombrar Carlos, para humanizar ese rostro inexpresivo que yacA�a en condiciA?n de bulto, detrA?s de una parada de camiA?n. Al rodearse sobre el asfalto no correrA�a el riesgo de desfilar ante las afiladas ruedas de un automA?vil. El oficial se fue, el paramA�dico tambiA�n. Los jA?venes se resignan en su andar sin cortar el paso, atrA?s ya queda aquel por quien no se pudo hacer mA?s.

Comentarios

Comentarios