Recesión del contrato

Por Alonso Rebolledo @ruyrarl

 

Este sistema da muestras de podredumbre. El único sistema que impera dentro de la escala de valores hoy en la extensión de tierra que conocemos como México es el de las transacciones monetarias, ya sea dentro de la ley, o como nos hemos encargado de tratar los asuntos, fuera de la ley.

Esto último es el agente de descomposición. Nosotros somos los gusanos. Y me refiero a nosotros porque ya sea que como mexicanos participemos activamente en el tránsito ilegal de dinero o que simplemente por desidia, miedo, falta de tiempo, ignorancia, pereza, nos hemos volteado hacia otro lado o no gritamos al que lo hace.

Lamentablemente ya no se puede hacer nada para evitar la situación en la que vivimos. Ya tenemos el agua hasta el cuello. Si lanzo públicamente la pregunta: “¿Quién gobierna México?” Y yo mismo contesto: “El Dinero”, la mayoría de los lectores suspendería el acto de pasar la vista por encima de estas palabras y cambiaría de lectura. No los culpo. Pero la verdad es mucho más complejo que enunciar las palabras que tantas personas tienen en sus ideas.

El caso de los desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, es serio. Es muy serio. Semánticamente hay que darle la justa dimensión. No son “los desaparecidos”, porque decir y escribir es objetivizar a un grupo de personas que merecen todo nuestro respeto y ayuda. Sugiero entonces referirnos a los sujetos de este caso como los 43 normalistas desaparecidos. Una vez aclarado el punto vamos a lo que me preocupa.

No es el primer caso de abusos de la autoridad. Pero sí es el de este momento en el que me toca reflexionar sobre la incertidumbre que produce el que la autoridad sea el brazo operativo del crimen organizado para violentar los derechos y las garantías de seguridad de los ciudadanos.

El segundo ´problema que se observa en este caso en particular, tampoco es nuevo. Pero sí es tristísimo que lo permitamos y es muy cínico que lo hagan en lugar de concentrarse por lo que en verdad está en juego, la vida de casi medio centenar de jóvenes. Este caso se ha convertido en un escaparate político. Es una guerra de declaraciones y ataques, lo más ofensivo son las consecuencias: se tienen detenidos pero no se tiene un móvil real que conteste las preguntas: ¿Para qué detuvieron a los normalistas?, ¿Qué buscaban con su privación de la libertad?, y Si no son los normalistas enterrados en las fosas clandestinas, ¿Quiénes son los que están ahí enterrados?

Se utilizan los avances para echarse la culpa los unos a los otros y poco a poco los desaparecidos pierden el ojo de todos. Muy Triste.

Somos los desafortunados gobernados por unos servidores públicos que no tienen ni la capacidad para esclarecer el caso de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa o los muertos de Tlataya.  No hay que ser muy exigentes para darse cuenta que figuran sólo explorarse los orificios nasales en lugar de por lo menos encontrar un motivo de los crímenes,  a fin de pretender dar la impresión de trabajo.

No tenemos garantías como habitantes de esta república. ¿De qué se siente seguro hoy, mi estimado lector? ¿Está seguro que no lo van a asaltar o secuestrar? ¿Cree que tiene seguro su trabajo? Y lo peor de todo, si es víctima de algún acto criminal, ¿estaría seguro que su crimen no quedará impune?

Vivimos en estado salvaje mientras jugamos a vivir bajo las reglas del estado moderno. En este país ni siquiera el neoliberalismo reina. Aquí cada quien hace lo que quiere, como quiere y donde quiere y cuando quiere y sólo se va a la cárcel si es pobre.

Este caso no es ni el principio. Es la punta del témpano. Como barco nos dirigimos directo a un choque que nos va a hundir, como sociedad y país. No es sólo que no se crea en las capacidades del gobierno, es que pronto no habrá gobierno. La ley del más fuerte tiene una pequeña grieta estructural: Cuando el más fuerte haya conquistado hasta el última alma ya no será el más fuerte, será el último.

Una de las dos partes ha rescindido el contrato social, la otra lo está pagando. Sin contrato, todos pierden.

 

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