Polaroids desde Guerrero

Mujer refri

A�Por Ximena Natera

A�El valle

A�Las carreteras de Guerrero bien se pueden comparar con los trazos que hacen los niA�os pequeA�os cuando estA?n empezando a dibujar, curvas cerradas y lA�neas irregulares, en general, nudos. De vez en cuando y despuA�s de largos ratos entre las montaA�as, se encuentra uno ante valles inmensos que se extienden kilA?metros. El paisaje es tan deslumbrante que no se puede hacer mA?s que mirar.

A�Es tal vez por esto que percatarse del desastre que cubre los valles lleva un par de minutos. Lo primero que delata son los colores, septiembre y octubre son meses hA?medos, todo alrededor deberA�a de ser verde, pero no lo es. Si bien las montaA�as y los A?rboles tienen un color muy intenso los grandes espacios de siembra estA?n completamente cafA�s, cA?mo si fuera tiempo de arado, tierra seca.

Observando un poco mA?s, resulta evidente que la tierra estA? de hecho mojada, una especie de lodo muy aguado, por A?ltimo llaman la atenciA?n las casas, o la ausencia de ellas, mA?s bien. Quedan unas cuantas y estA?n destrozadas, un mazacote de tierra, basura y ladrillo. Valle adentro, lodo mezclado con basura cubren miles y miles y miles de plantaciones de maA�z completamente formadas, que en buenas condiciones alcanzarA�an los dos metros. No importa que direcciA?n tomes, la escena se repite una y mil veces, campos enteros listos para cosechar destrozados y entre estos, esporA?dicamente, una persona aparece sumergida hasta las rodillas en fango y cesta en mano mientras espulgan mazorca por mazorca, en busca de sobrevivientes.

EN EL CAMINO3-4

A�El superviviente

A�Quechultenango.- Afuera el cielo tronaba, las palmeras se partA�an a la mitad por los rayos, el ganado era arrastrado por las causes crecidas del rA�o y la estrechA�sima carretera que comunica el pueblo de Santa Fe con el balneario empezaba a desaparecer bajo toneladas de tierra desprendida del cerro, pero de esto Isidro y Socorro no escucharon nada.

Fue hasta que el gallo, sin nombre, de 5 aA�os que tienen en su propiedad entrA? por una ventana y empezA?, mA?s ruidoso y molesto que de costumbre, a cantar.

Socorro, dormida, le dio un manotazo en la pierna a su esposo para que sacara al gallo. Isidro, algo molesto y confundido, se levantA? a oscuras de la cama, fue cuando bajA? la primera pierna del colchA?n y sintiA? el agua hasta la rodilla que se despertA? por completo y se percatA? de los sonidos: el cielo tronando, las troncos cayendo al suelo, los animales, al igual que el gallo, en un total frenesA�.

Vio, con ese particular efecto de estrobo que provocan los rayos, cA?mo dentro de su pequeA�a casa de adobe, la televisiA?n, las sillas, fotos, trastes y zapatos flotaban alrededor, cA?mo las puertas y ventanas estaban abiertas, cachos del techo se habA�an desprendido y el agua chorreaba de todas las paredes y sobre un viejo burA? de madera mojado y estresado el gallo no cerraba el pico.

DespertA? a Socorro y tan rA?pido como pudieron, despuA�s de un par de intentos fallidos de atrapar al animal, salieron de ahA�. Afuera, lo que antes habA�a sido una A?rea de recreaciA?n para la clientela con un gran jardA�n con palapa, una cocina y restaurante, una pequeA�a cancha de fucho y una alberca donde en temporada alta atienden hasta 300 turistas se habA�a convertido en una extensiA?n del rA�o Azul, que horas antes terminaba a buenos 200 metros de la propiedad.

De alguna forma, la verdad es que no estA?n seguros del cA?mo, caminaron por la destrozada carretera cerro arriba y llegaron a casa de su hijo. Pasaron las restantes horas de la madrugada en vela, intentando mantenerse secos, difA�cil, ya que incluso ahA� las paredes mA?s que impedir la entrada de la lluvia parecA�a transportarla y los fuertes vientos terminaron por romper los vidrios.

A�Pasaron casi dos dA�as antes de que el rA�o regresara a algo parecido a su cauce natural, dejando tras de sA� toneladas de basura y otro par antes de que, a falta de ayuda gubernamental, los hombres del pueblo y a mano limpia lograran abrir paso en la destrozada carretera.

A�Bajaron caminando, el trayecto de 15 minutos fue de casi tres horas y cuando por fin llegaron a su terreno, el nivel del agua que el rA�o habA�a alcanzado y pintaba una lA�nea en las paredes, llegaba casi a los dos metros, unos 25 cm mas alto que el nivel del lodo que cubrA�a todo el terreno. Sobre la total destrucciA?n de lo que ha sido su hogar por mA?s de 30 aA�os, la textura asquerosa del lodo en el cuerpo y la pestilencia que dejA? el agua estancada encontraron a un A?nico ente vivo: Negro por el lodo y molesto el gallo sin nombre, estaba parado sobre el techo de su modesta casa, cantando a manera de grito de auxilio y reclamo. a�?Creo que ahora merece un nombre. Canelo estarA�a biena�? Dice Isidro un mes despuA�s, mientras con la pala saca poco a poco el lodo que aA?n cubre casi un metro de su hogar.

MaA�z

Los damnificados

A�a�?A Santa Fe nadie ha llegadoa�?.

A�Santa Fe Quechultenango, Guerrero.- MarA�a Natividad ahorrA? hasta el A?ltimo centavo posible durante todo julio y agosto. Al trece de septiembre, tenA�a ya una buena cantidad de dinero y como cada aA�o, lo gastA? todo en carne. Suficiente como para embutir dos refrigeradores enteros de ella, mucha cerveza y litros y litros de coca-cola. Con tantita suerte, la venta del fin de semana patrio le darA�a suficiente para hacer un colchA?n de dinero que la respaldara hasta la siguiente A�poca festiva, la Navidad. No es sorpresa entonces, que agache la cabeza y entre lA?grimas diga que lo que pasA? la madrugada del 15 fue cuestiA?n de pura mala suerte: Azul, el rA�o que bordea el balneario de Santa Fe, el centro turA�stico mA?s importante de la regiA?n centro en Guerrero, se desbordA? en cuestiA?n de minutos. Alrededor de las doce, el agua llegA? casi cien metros tierra adentro y el local de MarA�a, una pequeA�a casa de dos niveles sobre la rivera quedA? sumergida casi en su totalidad. Cuando el agua por fin retrocediA? la mescolanza de lodo y basura rellenaba por completo el primer piso. Ahora, casi un mes despuA�s, la inversiA?n que habrA�a de darle libertad econA?mica la estA? ahorcando. La A?nica fuente de ingreso segura desapareciA? y aunque el balneario es el principal sustento de todo el pueblo las autoridades dan largas a sus peticiones, pues como centro turA�stico cae a A?ltima posiciA?n en la lista de prioridades. MarA�a es al momento, una de las miles de personas en guerrero que debido al enorme caos que reina entre las organizaciones civiles y federales no han recibido apoyo alguno, ni econA?mico ni de despensas porque a SantaFe a�?nadie ha llegadoa�?.

a�?Mi tipo de pobreza cambiA?a�?

A�NiA�os Jugando

Tixtla Guerrero.- En los escalones de una tiendita de abarrotes, sobre la calle principal de Tixtla, Vicky Nazareno de 64 aA�os se sienta con la espalda perfectamente recta, las manos abrazando ligeramente sus rodillas, los talones acomodados delicadamente uno junto al otro. Viste una desgastada camisa de algodA?n y una falda color crema perfectamente planchada hasta las rodillas y unos guaraches llenos de polvo. En su delgada muA�eca izquierda tiene un reloj de plA?stico color melA?n. Lo revisa, indiferente, un par de veces, aunque no muy seguido. Lleva algo mA?s de una hora en la misma posiciA?n, ahA�, esperando. Dice que sus hijos no tardan en regresar, fueron a recoger un poco de ropa a la casa familiar que 20 dA�as antes quedA? sumergida hasta el segundo piso cuando la laguna de aguas grises cerca del pueblo colapsA?. Virginia no se ve muy esperanzada, en realidad no muestra mucha emociA?n, estA? cansada. Se sienta bajo la A?nica sombra que hay a la vista, la proyecta un pequeA�o trozo de tela que todavA�a se aferra al toldo de la tiendita. No se puede asolear mucho, no solo estA? cansada, tambiA�n dA�bil. Es diabA�tica y desde que se inundA? su casa tiene el azA?car alta. La desgracia mA?s grande en su universo personal es saber que cada cosa que come la enferma un poco mA?s y no puede hacer nada al respecto, el albergue en el que ahora vive no puede darse el lujo de hacer comida especial, a duras penas mantiene el ritmo. Virginia entiende que en tiempo de contingencia uno no se puede dar el lujo de ser remilgoso. En tiempos de contingencia no hay lujos, no hay justicia. En realidad, no hay gran cosa de nada. ResignaciA?n tal vez, como la que se refleja perfectamente en las facciones de la delicada mujer mientras espera.

A�Nota del reportero:

Santa Fe, el Acapulco de los pobres

A un mes de la catA?strofe humanitaria y social que provocA? el paso de las tormentas Ingrid y Manuel, el Balneario Santa Fe en la comunidad de Quechultenango, a poco mA?s de una hora de la capital, no ha recibido apoyo alguno del gobierno ya que como centro turA�stico, el mA?s importante para la poblaciA?n local en la zona centro del estado y sustento econA?mico base de la poblaciA?n local, estA? en A?ltimos lugares de prioridad nacional.

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