A?NiA�os de todas las edades!

Por SaA?l LA?pez de la Torre

El pasado veintinueve de mayo mi esposa llegA? a los cincuenta y ocho aA�os con una esplA�ndida condiciA?n fA�sica, producto de la buena herencia genA�tica y de las bondades de su cotidiana rutina socrA?tica: alimentaciA?n saludable, dos horas de ejercicios cardiovasculares, abdominales y pesas en el gimnasio, caminata de cuatro kilA?metros en compaA�A�a de su fortA�simo bA?xer, cocinar con sentimientos elevados, leer, conversar, mirar programas nerdos en la tele. Esbelta, maciza, cintura de guitarra, bromista, tiene el A?nimo de quien ha visto realizados los sueA�os dulces de la juventud y la fuerza de un atleta de alto rendimiento: me ayuda a subir y bajar escalones y levanta como a una pluma mi silla de ruedas de dieciocho kilogramos.

Apegada a las costumbres de la familia que hemos formado (destaca entre ellas la de nunca improvisar), con quince dA�as de anticipaciA?n nos pidiA? que la invitA?ramos a comer pato laqueado al Excelency (el mejor restaurante de comida china de la gran capital, por el delicado sazA?n y la autenticidad de sus platillos, la calidad del servicio y de sus instalaciones, mA?s la moderaciA?n de sus precios), que le regalA?ramos un par de tenis y que la invitA?ramos al circo Ringling Bros. and Barnum & Bailey que en estos dA�as se presenta en la Arena Ciudad de MA�xico. Nos dijo que querA�a revivir los tiernos aA�os de su niA�ez en el valle de Oaxaca y los de nuestra etapa de padres chilangos de dos niA�os traviesos. AgregA?: a�?He leA�do que este circo fue fundado en 1872. Es el mA?s antiguo del planeta. ReA?ne todas las caracterA�sticas del circo clA?sico: en su elenco destacan los elefantes, los leones, los tigres, los caballos y los perros. Lo componen mA?s de trescientas personas de todo el mundo, treinta o cuarenta animales y un tren de kilA?metro y medio de largo, tan antiguo como el circo. En ese tren llegaron a MA�xico, en un viaje de tres semanas que arrancA? desde Columbus, Ohio. Hicieron cuatro paradas en el largo camino, para refrescar a los animales, avituallarse y solventar trA?mites aduanales. Todo el circo viaja y vive en ese tren: allA� duermen, comen, aman, intrigan y construyen el arte y las amistades indeclinables que los convierten en el equipo que asombra a los afortunados que los miran actuar en la pista. Todos tienen oportunidad de superarse, de acuerdo con sus aptitudes. Joe Colossa, el lA�der del convoy, empezA? vendiendo palomitas, hace trece aA�os. Me imagino al tren pasando por los pueblos, con los tumultos de chamacos y gente adulta haciA�ndoles valla para saludarlos. Y recuerdo al tren que pasaba bufando frente a la casa de MamA? Pila, cuando el circo llegaba a Etla, Oaxaca. CorrA�amos a ver los animales enormes que sA?lo entonces podA�amos admirar: elefantes, tigres, leones, camellos y jirafasa�?.

Motivado por el conocimiento y el entusiasmo de mi compaA�era, yo tambiA�n retrocedA� a mi niA�ez casi silvestre en Suchiate, Chiapas. Mis hermanos, mis primos y yo, veA�amos embelesados pastar a los animales del circo en los potreros aledaA�os al sitio donde los trabajadores montaban la carpa. Y las carretas jaladas por yuntas de bueyes, cargadas de caballos viejA�simos reciA�n sacrificados para que se los comieran los leones. Los rugidos de las fieras al oler la sangre caballuna nos estremecA�an. MerodeA?bamos en torno de todo aquel ajetreo circense y nos hacA�amos cuates de los enanos encargados de apuntalar las lonas en el suelo, para que dejaran algA?n resquicio por donde pudiA�ramos colarnos a verlos actuar. AsA�, arrastrA?ndonos como cocodrilos y trepando por los puntales, todas las noches entrA?bamos al circo, empolvados o enlodados cuando llovA�a.

Nuestros hijos tambiA�n aplaudieron la idea de festejar a su madre en el circo. SaA?l comprA? los boletos e indagA? la ruta para llegar a la Arena de la Ciudad de MA�xico. A mi mujer le tocA? elegir sus tenis y a mA� reservar la mesa en el Excelency, donde le regalA� una rosa soberbia del jardA�n del restaurante.

El sA?bado a las 10:15 am, estA?bamos perfectamente instalados en nuestros lugares del circo: fue facilA�simo llegar, estacionarnos y movernos dentro de aquel maremA?gnum bien organizado. En la pista ya muchas familias gozaban el espectA?culo previo a la funciA?n. El rostro de mi mujer irradiaba alegrA�a. De pronto escuchamos la voz sonora y bien entonada del animador: a�?A?NiA�os de todas las edades! A?Les pedimos que ocupen sus lugares! A?Va a comenzar el espectA?culo mA?s grande del mundo! A?NiA�os de todas las edades! A?Ocupen sus lugares!a�? Y apareciA? en escena el desfile de trapecistas, elefantes, perros, maestros de Kung fu, motociclistas, caballos, payasos, luciendo las formas perfectas de sus cuerpos. Mi mujer apretaba mis manos con mucha fuerza. El circo nos retrotrajo a la infancia: el porte distinguido de los caballos, de los perros y los elefantes, los rugidos y los manotazos de los felinos, la ternura del leA?n, la integraciA?n absoluta del hombre con el animal, la belleza extrema de sus actos en la pista, la mA?sica magistralmente ejecutada por la orquesta, la dignA�sima versatilidad del enano, nos arrancaban aplausos y exclamaciones de admiraciA?n. a�?A?NiA�os de todas las edades! A?QuA� buen cumpleaA�os! A?Voy por otros cincuenta y ocho!, exclamA? mi mujera�?.

saul-1950@hotmail.com

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