Mujer, he ahA� a tu hijo.

Por Uriel SalmerA?n GarcA�a

A?A la vista de todos! A?quA� abominaciA?n!, parece que piensas mientras en tu cara se dibuja un gesto de repulsiA?n, con las cejas fruncidas y los labios retorcidos.

A?DA?nde quedaron los valores?A?dA?nde quedA? la decencia?, podrA�as estar preguntA?ndote mientras ves a aquel vendedor ambulante que protege tras escudos de piel los inocentes ojos de su hija.

Te diriges hacia la salida del metro Viaducto que lleva a la colonia A?lamos con un caminar dubitativo. Tus pies transmutaron en pesados bloques de concreto. No lo puedes dejar pasar. Tu misiA?n no ha acabado ahA� y lo sabes. Ahora ese cristo dorado que cuelga de tu cuello asfixia.

Media vuelta y tu tarea.

Media vuelta y el destino.

-A?Pinches jotos!.. A?Por eso el mundo estA? como estA?!- gritas mientras se agita tu esponjado peinado a la Amanda Miguel.

Acomodas el chaleco, que hace juego con tu traje de secretaria, desajustado ligeramente durante el griterA�o. Colocas el bolso aterciopelado en lo mA?s alto de tu hombro.

Media vuelta y la mA?sica de los aplausos.

Media vuelta y el tintineo de los tacones acompaA�ado por coros angelicales.

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