Los normalistas rurales

Maestros

Por SaA?l LA?pez de la Torre

Las normales rurales fueron creadas por el presidente LA?zaro CA?rdenas, con el propA?sito de que los hijos de los campesinos pobres rompieran el cerco de la ignorancia. Instaladas en todos los estados de la RepA?blica, agrupaban a mA?s de diez mil estudiantes de secundaria y normal (hasta 1969 bastaba con tres aA�os de secundaria y otros tres de normal para formarse como maestro de primaria). Los estudiantes vivA�an internados en las escuelas, con una beca que cubrA�a lo necesario para vivir sin carencias: dormitorio, tres alimentos diarios, dos mudas de ropa y dos pares de zapatos al aA�o, cuarenta pesos mensuales para recrearse en la ciudad los fines de semana; canchas de basquetbol, voleibol, futbol y bA�isbol, alberca, pista de carreras; seis aulas, biblioteca, talleres de talabarterA�a, carpinterA�a y electricidad; parcela para producir cereales y hortalizas; criaderos de cerdos, vacas y abejas.

La edad mA?xima para ingresar era de quince aA�os ocho meses. Las becas eran para quienes obtenA�an calificaciones de excelencia en el examen de admisiA?n. Se otorgaban cuarenta en cada escuela, anualmente. Los afortunados que las conseguA�an dejaban tras de sA� a miles de aspirantes frustrados. Algunos lo lograban al segundo o tercer intento. Para sostener la beca era menester aprobar todas las materias, incluidas las clases en los talleres, en las granjas, en los jardines, en la parcela, ademA?s de dedicar dos horas diarias a la lectura en la biblioteca, colaborar en la limpieza de las instalaciones y mantener una conducta respetuosa del reglamento escolar. Se penaba con mayor severidad faltar a clases, liarse a golpes con los compaA�eros, embriagarse y fumar. Todos los estudiantes comenzaban el ciclo escolar con cien puntos de conducta. En caso de descender a sesenta y nueve la expulsiA?n era automA?tica. La jornada comenzaba en las aulas, a las seis de la maA�ana, con clases de matemA?ticas, quA�mica, fA�sica, biologA�a, teorA�a general de la educaciA?n, civismo y A�tica; concluA�a en la biblioteca, a las diez de la noche, con lecturas libres de historia, literatura y biografA�as.

Los normalistas rurales tenA�an una misiA?n trascendente: aprehender todo el conocimiento a su alcance para retornar a sus comunidades a liderar la lucha contra la ignorancia y la pobreza. Salvo uno que otro renegado vergonzante, el compromiso era asumido con ilusiA?n y orgullo. De tal modo que acreditar con calificaciones sobresalientes todas las materias del programa oficial era tan importante como participar en los cA�rculos de estudio organizados por el comitA� de orientaciA?n polA�tica e ideolA?gica (COPI), en las jornadas deportivas y culturales del sistema de normales rurales, a nivel local y nacional; en los concursos literarios, de oratoria y declamaciA?n del Instituto Nacional de la Juventud y en la actividad polA�tica de los comitA�s de lucha y de la federaciA?n de estudiantes campesinos socialistas de MA�xico (FECSM).

La acciA?n polA�tica de los normalistas rurales tenA�a que ver con la lucha de los marginados del desarrollo econA?mico por mejorar sus condiciones de vida. La causa de los mA?s pobres, ademA?s de sus propias metas reivindicatorias, era el mA?vil de sus manifestaciones pA?blicas: manifiestos, marchas, mA�tines y gritos de protesta contra los atropellos de los poderosos. La mA?xima autoridad de la organizaciA?n estudiantil era la asamblea, en la que todas las voces y todos los votos eran igualmente valiosos. Debajo de la asamblea estaba el comitA� ejecutivo, con un secretario general a la cabeza, quien era reconocido por la autoridad escolar e influA�a de manera decisiva en los asuntos internos de la escuela. En varios estados de la RepA?blica tambiA�n tenA�a derecho a picaporte con el gobernador. A�ste podA�a ahorrarse innumerables dolores de cabeza, concertando de tA? a tA? con un muchacho de dieciocho aA�os la respuesta a las demandas que alentaban las movilizaciones.

Al principio, en todas las normales rurales tenA�an cabida por igual las mujeres y los hombres, siguiendo el modelo de TomA?s Garrido Canabal aplicado en las primarias y secundarias tA�cnicas que A�l fundA? en Tabasco. Pero en aquellos aA�os era imposible prevenir los embarazos, ya que tal cuestiA?n imponA�a prescindir de los deleites del apareamiento. Para evitar la proliferaciA?n de niA�os criados por las abuelitas y no desviarse de los objetivos del sistema, se optA? por reordenarlo por sexos: normales para mujeres y para hombres, regadas a lo largo y ancho del paA�s.

La combatividad de los normalistas rurales no disminuyA? en lo mA?s mA�nimo con el reajuste; ni la cohesiA?n de la organizaciA?n nacional. AA�o tras aA�o, los pobres del campo encontraron en ellos orientaciA?n y solidaridad polA�ticas; y a las comunidades mA?s remotas siguieron llegando maestros dotados de las mejores herramientas (acadA�micas, polA�ticas e ideolA?gicas), para liderar la transformaciA?n de sus condiciones de vida. AsA� fue hasta 1969, cuando el gobierno, temeroso de sufrir a�?un sesenta y ocho al revA�sa�?, decidiA? separar la secundaria de la normal, expulsar a todos los lA�deres y mediatizar a la FECSM. LogrA? su propA?sito despuA�s de una historia de resistencia y represiA?n, pero lanzA? a las filas de la guerrilla a decenas de lA�deres con amplia base social.

Se acabA? el espacio. Sugiero a los interesados en el tema que lean a�?La casa de bambA?a�?, mi novela publicada recientemente por Cal y Arena.

saul-1950@hotmail.com

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