Los IngrA?vidos: fantasmas detrA?s del telA?n.

PabloB

Por Pablo Berthely Araiza

“La gente se muere a cada rato, deja irresponsablemente un fantasma de sA� mismo por ahA�, y luego siguen viviendo, original y fantasmas, cada uno por su cuenta”.

A�Dicen que escribir un libro es como tener un hijo o como plantar un A?rbol. Vida naciente que florece. Yo creo que escribir un libro (sin conocimiento de causa) se asemeja mA?s a la muerte que a la vida. Es una situaciA?n donde el escritor se entierra a sA� mismo entre las pA?ginas de su historia, atrapa a aquel que fue en el momento de la creaciA?n en un calabozo de papel y tinta, dejando un fantasma en el mundo. Un fantasma que en muchos casos persigue perpetuamente sus letras presentes.

A�A principios de 2012 me encontrA� con una novela fantasmagA?rica: con el fantasma de su escritora, con el personaje de una narradora cuyo nombre nunca se conoce, con el fantasma juvenil de esa narradora y con los fantasmas del poeta Gilberto Owen.

El libro, al que lleguA� gracias al ejercicio de una prA?ctica poco usual en mi, me dejA? ingrA?vido.

A�EntrA� a la librerA�a y decidA� no comprar algA?n libro de un autor de mi preferencia, algA?n clA?sico, alguna recomendaciA?n, o alguna “novedad”. DecidA� iniciar mi bA?squeda poniendo como condiciA?n el comprar aquella novela cuyo tA�tulo llamara mA?s mi atenciA?n, sin importar el sello editorial, el autor y mucho menos la reseA�a que viniera en la contraportada.

AsA� fue como lleguA� a mi casa con un libro de Valeria Luiselli, editado por Sexto Piso y cobijado por unas halagadoras palabras de Guillermo Sheridan en el reverso. Sin embargo los A?nicos que repararon en ello fueron la pila de libros que habitan en un rincA?n de mi cuarto (sin ser leA�dos, en el mejor de los casos, algunos sin ser abiertos siquiera) quienes le dieron cA?lida morada por muchos meses.

Una maA�ana de diciembre mientras organizaba ese rincA?n de libros olvidados me volvA� a encontrar con “Los IngrA?vidos”. A?De dA?nde saliA? este libro?, pensA�. No tenA�a recuerdo de haberlo adquirido, era como si yo no lo hubiera comprado, como si lo hubiera hecho uno de mis fantasmas que deambulan por este mundo.

SA? tA�tulo, impactante, volviA? a ganar mi atenciA?n. Ese mismo dA�a terminA� de leerlo.

A�El relato viene a cuento porque hace unos dA�as se estrenA? en el teatro OrientaciA?n del Centro Cultural del Bosque, la puesta en escena de Los IngrA?vidos.

Fernando Bonilla aterriza magistralmente la difA�cil tarea de llevar al teatro la novela de Luiselli.

Con dos actrices (HaydeA� Boetto y Cassandra Ciangherotti) y un actor (JoaquA�n CosA�o, alternando con Jorge ZA?rate) se desarrolla la obra de personajes y fantasmas.

La historia de una dramaturga enterrA?ndose al escribir una obra y la historia de un poeta y sus fantasmas literarios, se presenta todos los jueves y viernes a las 20:00 horas, sA?bados 19:00 horas y domingos 18:00 horas.

A�Los IngrA?vidos es, en palabras del propio Bonilla, un fantasma de la novela.

Cuando salA� del teatro en mi mente sA?lo habA�a espacio para una idea: escribir una reseA�a de la increA�ble historia que cuenta la obra (y el libro). Creo que fallA� en el intento, esto es mA?s bien una reflexiA?n a lo que como lector interpreto del mensaje que, creo, A�Luiselli y Bonilla nos transmiten: ser escritor es en cierto modo ser un fantasma.

A�El telA?n se cerrarA? el prA?ximo 15 de septiembre, pero estoy seguro que el fantasma de Los IngrA?vidos vivirA? por mucho, mucho tiempo mA?s.

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