Este es el día de “estamos saliendo”

Este es el día

Mariángel Calderón @miss__ovarios

 

Un “estamos saliendo” representa la edad de oro de lo desechable.

 

 

En mis tiempos, sí aquellos de grabar cassettes dedicados en la radio, de llamar por teléfono y aguardar a que tu madre, con cronómetro en mano, contara los minutos que llevabas y los descontara de tu domingo,  en donde no se subían fotos de comida o se indicaba tu ubicación exacta en las redes sociales, sí, en esos en que lo que se descomponía se arreglaba y no se tiraba; ese tiempo donde las relaciones personales eran menos complicadas.

 

Eras niña o niño, te compraban muñecas o coches, tus amigas eran reales y no de las redes sociales y tus amores eran de a de veras y no te enamorabas de una imagen y una linda frase de quien sabe quién en el Whatsapp, esos eran años poco complicados, cada cosa tenía su nombre y cada nombre tenía su cara, su olor y sus propias palabras.

 

Existía la distancia y el compromiso,  podías mirar a la gente a la cara, descubrir mentiras, destapar verdades, besar de verdad y con la lengua bien metida en tu objeto del deseo y no mandar emoticonos que poco engloban tus verdaderas ganas de besar, actualmente se envían palabras carentes de expresiones y es escaso todo lo que se puede ver a través de mil ventanas en el celular mientras vas en el metro.

 

Ahora ya no existen ciertas cosas y las palabras han adquirido cierta ligereza y te dan la sensación de ser desechables y en el amor así también: pasas de una ventana a otra, de una conversación saltas a otras tantas y los estatus en las redes sociales pierden sentido cuando dices un todavía no tan clásico “estamos saliendo”.

 

Antes eras novia de alguien y si eras free o la querida sabías que arderías en el infierno -y lo mejor es que no tendrías que compartir tu ubicación en el foursquare-,  tenías certezas de que el dueño de tu corazón te presentaba como su novio o novia y no como un: “fulanito, estamos saliendo”, como quien dice, “me voy a comer esta torta de salchicha hoy, pero si mañana se me antoja una de pierna también me la voy a refinar”

 

Un “estamos saliendo” hoy en día engloba tantas cosas y a decir verdad ese estatus no concuerda con el verdadero significado de esas dos palabras, porque por lo general ni salen y solo se revuelcan ahí cual felices conejos sin pena y si bien les va con mucha gloria y al final del día solo “están saliendo” pero en realidad nunca salieron.

 

Las relaciones de este delirante siglo XXI son como un bello vestido que viste en un aparador luminoso, te lo mides, te miras, te observas, te sabroseas e imaginas como te verías caminando en la calle con la hermosa prenda y una vez que te miraste al espejo, fantaseaste suciamente y sentiste cada tejido de la tela, miras el precio, te lo quitas y se lo das a la dependienta diciendo “no me lo llevo, es un precio que no puedo pagar” así con los amores.

 

Entonces “salir” da esta idea de libertad, de fuerza e independencia, de no ser un vestido y de no tener que pagar un precio tan alto, es como quien compra ropa y la luce en una fiesta sin quitarle la etiqueta, todo el mundo lo admira, pero pocos saben que al final del día y si no existe un mayor contratiempo, el vestido se podrá devolver al centro comercial y se regresará a casa sola, sin vestido y con el monedero lleno de la sensación de no tener que pagar esa cantidad exorbitante.

 

Un “estamos saliendo” se traduce en un me lo estoy comiendo durísimo y no me exige nada, en un “no me puede armar berrinches ni escenas de celos” en un “hoy te uso y mañana me pongo otro vestido” que al final terminan en noches abrazando a la almohada, revisando en una soledad acompañada Facebook, Twitter y Tinder, Whats y demás monadas tecnológicas,  pensando “a quién le escribió hace dos minutos y por qué no fue a mí”, vamos que un “estamos saliendo” representa la edad de oro de lo desechable.

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