En la esquina de la avenida…

Por Génesis Rodríguez

 

En la esquina de la avenida me pregunto cuántas personas consideran su trabajo demasiado bueno, sí, cuántas son las personas que aman lo que hacen y mejor aún les pagan por hacerlo. Parada esperando la luz del semáforo alguien me preguntó ¿Güerita unos chicles? Llamó mi atención este hombre que para mi sorpresa sólo tenía un brazo y que logró capturar aún más mi atención ya que , también resulto ser muy trabajador. Imaginémonos torcernos un dedo quizá de la mano que más usas ¿Cuántas cosas podemos hacer? Es casi una misión imposible tomar algo, en pocas palabras nos limitamos y somos unos mártires sin aparente cura ¿Pero sin un brazo que podríamos hacer entonces? Considerando lo anterior deprimirnos al grado del suicidio (yo creo). Este hombre tomó toda mi atención por unos segundos por su acto valiente de salir día con día a esa misma avenida casi por las misma hora todos los días y constantemente preguntar carro por carro ¿unos chicles? sin importar que día a día, en esa misma avenida y por esas horas la gente ni se molesta en verlo ¿Qué contraste no? Todo esto no es nuevo, lo sé. Cientos de personas en el centro o en cualquier calle de cualquier ciudad del país, se ven tirados pidiendo una moneda o vendiendo cualquier cosa que les ayude a sobrevivir en su día a día. Pero especialmente este señor y su constancia me hicieron reflexionar en muchas cosas. A su edad y sin una extremidad tan aparentemente vital ¿Cómo es que conserva esa vitalidad y esa constancia? La respuesta es que no lo sé, pero lo que sí sé es que INSPIRA y te hace pisar una realidad que la mayoría tenemos olvidada, y que peor aún es que lo vemos como cosa ordinaria, no vivimos, ni disfrutamos.
Quizá no compremos un chicle, pero si nos detenemos a reflexionar unos segundos parados en ese semáforo y mirando a todos los vendedores o limpiaparabrisas y volvemos a nuestra realidad les aseguro que nos sentiremos distintos, valorando cada cosa que tenemos y que somos. Ellos merecen nuestro respeto porque a mi parecer todos en algún momento de nuestra cotidianeidad somos vendedores y tenemos que lidiar con gente mal encarada que ignore nuestras peticiones y con un no gracias bastará. Y es así como los días que paso por esa avenida compro mucho pero mucho valor, cabe resaltar que saludo cordialmente al señor y francamente no siempre le compro chicles pero estoy segura que una sonrisa le anima.

 

 

Ganador premio Etecom Telefónica 2014

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