En el nombre del padre detengan el bullying

Bullying

Por Uriel Salmerón @urisalmeron

Las ojeras le corrían como tinta de un extremo al otro. Las presiones rondaban por su cabeza a todo momento. Pero no siempre fue así. Ingresar a la secundaria era el sueño de Ximena desde hacía varios años, aquel sueño súbitamente se convirtió en pesadilla.

Todo comenzó cuando conoció a Mildred: de 13 años, menudita, no más alta que ella y de un carácter irascible. En uno de sus primeros encuentros, Mildred le instó a fumar, llevaba un par de años entre las cenizas y el humo del tabaco, al menos es lo que replicaba a manera de presunción. La negativa de Ximena fue tomada como un insulto de proporciones colosales. Pareciera que con este gesto había sellado su sentencia.

El ciclo escolar apenas llevaba dos semanas de haber iniciado y el panorama ya lucía desolador. Primero fueron las burlas, seguidas por insultos y amenazas, para alcanzar su punto más álgido en la confrontación física.

-¡Ximena es una hija de mami! Todavía vienen por ella –señalaba burlonamente Mildred. Además huele a puta- añadía mientras su séquito de amigas carcajeaba como hienas en éxtasis.

Durante el receso fue rodeada y, en la comodidad de la superioridad numérica, le jalaron de los cabellos y conectaron un par de codazos directo a las costillas. Nada se podía hacer sino aguantar. “Sabía que los profesores no iban a hacer nada”, comenta Ximena con un gesto de tristeza mientras baja la mirada al piso. Pareciera que la desconfianza hacia las figuras de autoridad se fragua desde las primeras juventudes.

Cuando su madre llegó al colegio la notó visiblemente adolorida, le costaba caminar. Se dirigieron de inmediato a un consultorio médico para hacerse una revisión. Si bien el diagnóstico mostraba sólo algunos golpes leves, sí hizo que Ximena se sincerara con su mamá y le contara todo lo sucedido.

Mario Martínez es psicólogo y voluntario de MA Domínguez Romero, una asociación civil que brinda atención a niños de escasos recursos.

-¿Qué causas motivan este tipo de comportamientos agresivos?

- Este tipo de conductas de abuso albergan un caldo de ingredientes culturales, familiares y parentales. Este tipo de comportamiento a veces sólo es reproducido en espera de ingresar al mismo circuito de consecuencias esperadas. Es decir, al hacer eso (abusar), esperan que suceda lo mismo que pasa en las situaciones en las que lo aprendió y ahora reproduce.

Otras veces es aprendido y reproducido. Lo que busca es la repetición de este evento experimentado, pero esta vez, con él como abusador. A través del juego -para el abusador muy posiblemente es un juego- mantiene el control y se enfrenta a esta nueva realidad sin ansiedad creada por él.

El juego, para los niños, es equivalente a soñar o fantesear para un adulto; uno realiza deseos.

-¿Se podría entender a quien juega el papel de abusador como víctima y victimario?

- Con base en mi experiencia te puedo decir que el 99% de las veces es así. No sólo te convierte en víctima haber sufrido o atestiguado abusos, también el olvido o el abandono. La exclusión es un tipo de violencia. Todo este caldo patológico-desadaptativo también es producto de una intermitente e interminable falta de límites; esa, en mi opinión, es la mezcla tristemente adecuada para el surgimiento de este tipo de fenómenos.

-¿Hasta qué punto es justificable la manera de actuar de estas personas, aun con todo lo que han vivido?

-Nunca es justificable. No se puede justificar el abusar de alguien. La tranquilidad y la paz individual son esenciales, pero es vital comprenderlo para una intervención pronta puntual e integraI para detenerlo, evitarlo y prevenirlo y sobre todo dejar de ver hacia otros lados buscando culpables cuando muy posiblemente el conflicto está más cerca de lo pensado.

-¿Qué medidas se pueden tomar para reintegrar a estas personas a una dinámica social de respeto?

-Es complejo debido a que el abusador es sólo el síntoma de un sistema disfuncional, y su reintegración implica una participación activa. Yo prescribo una participación del núcleo familiar, acompañado de técnicas y dinámicas que promuevan la sensibilización y el role playing, así como trabajar con autoestima.

Tras la confesión, Ximena suplicó a su madre que no la obligara a volver a la escuela. La petición fue tan desesperada que doña Cecilia no tuvo otra opción más que hacerle caso a su hija. Sin denuncia ni explicación alguna, Ximena dio un paso al costado y perdió el ciclo escolar.

-Al principio Mildred me comentaba muy seguido que su mamá nunca estaba en la casa. Que metía hombres a la casa. Yo creo que de cierta manera le afectó. A la señora le valía lo que hiciera. Le dejaba hacer todo lo que quisiera- dice Ximena, quien ya luce otro semblante, así como otro uniforme.

Ahora Ximena, quien dice ya haber perdonado todos los abusos de los que fue víctima, recursa el primer grado de secundaria con la intención de recuperar el tiempo perdido; Con la firme esperanza de no encontrar a otra Mildred en su camino.

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