En el lugar que no asaltan

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Por Íñigo Arredondo Vera @vai90

“Aquí no asaltan. Bendito dios” dice el chofer de una pesera mientras come una manzana haciendo base en el Metro Constitución 1917, corazón de Iztapalapa.

La zona que abarca es Palmas, Central de Abasto, San José Buenavista, Barranca de Guadalupe y Santa Catarina.

 

En el lugar que no asaltan se encuentra José, dueño de tres taxis aunque hace año y medio eran seis. Como si fuera la canción de los perritos, de los seis que tenía nada más le quedan tres,  platica cómo uno a uno  fueron robados .

 

Cada  robo fue con violencia donde dos de los tres choferes, uno por unidad respectivamente, fueron golpeados dentro y fuera del taxi y uno, el último, recibió un tiro en la pierna.

“Han bajado a los choferes, los golpean y los bajan (…) a uno de ellos le pegaron un tiro”.  “ Sí ha habido mucho robo en este lado en la zona oriente”.  Dentro de su taxi, está esperando turno para recibir pasaje. Tiene un bigote desalineado pero el coche se encuentra impecable. Con la radio en la mano se comunica entre dicho y dicho con la central. Dice que el gobierno ha desmantelado deshuesaderos; “ ahí encuentras todas las piezas en los tianguis y más de Tsuru. Va uno y encuentras ocho motores y te preguntas: ¿cómo le hacen para vender eso en un solo día?”  Si quitas uno salen varios más y así el ciclo, es lo que explican en la base.

Un taxista abre la puerta de atrás.  Apurada sube la pasajera, azota la puerta y José alza la ceja y bigote al mismo tiempo que enciende el coche.  Él seguramente seguirá ahí, en la misma zona, confiando en no tener la suerte de sus choferes: “Esto es así”.

 

Ahí mismo donde el dueño de unas peseras aseguró que afortunadamente no asaltan, bendito sea el señor, hay un chofer que salió en la tele diciendo que lo robaron en la ruta San Pablo y ahora es atracado seguido. Por eso varios microbuseros no quieren denunciar nada.  Los dueños de microbuses les piden a sus choferes que cuando sufran un asalto se vayan a parar a la delegación para poderse amparar. “Un cuate de nosotros está en el reclu porque le marcaron a su celular mientras estaban asaltando y contestó y le dijo a la persona que le llamaba que ahorita le marcaba y el asaltante respondió:

  • sí ahora te marco.

Coincidió todo.“

Los pasajeros que ven algún vínculo entre el chofer y el asaltante, desde que lo saluden cuando se suba al camión, hasta que no le roben las monedas o que conteste una llamada, emiten una denuncia en contra del chofer por robo. Así hay varios casos que si preguntas a los choferes, son inocentes y si preguntas a los pasajeros son culpables.  La mayoría no denuncia.  Quizá sea tan normal ser asaltado que no vale la pena hablar de ello.

“La gente nada más con que diga que está de acuerdo(…) Pues ya ves que sube la gente vendedores y saludan pues así pasa. Me saludan.”

 

 

Dos choferes sentados dentro del camión en su descanso. Uno frente al volante, el de mayor antigüedad, reclinado casi para tomar la siesta y otro, joven como de 30 años, en el asiento a un costado atento al movimiento de la gente que baja del metro, comienzan a hablar:

  • A mi la neta nunca me han asaltado. Llevo 4 años aquí, 15 en canal de Chalco y en insurgentes otros 10.
  • Yo llevo aquí 6 meses y llevo 3. Casi es igual para todos. A todos les toca.
  • A mi hijo ya le pasó.
  • Al del 530 lo asaltaron en la mañana y en la noche.
  • Es que ese quería calendario

Ríen los dos.

 

“El pasajero sólo carga con su pasaje y ya.  Ya están acostumbrados. Yo no tengo los billetes a la vista los guardo en mis tenis. En donde sea para que la rata no lo vea”, aclara el microbusero que ha sido víctima de tres asaltos en los último dos meses.

En uno de los asaltos vio cómo uno de los dos ladrones le arrancaba a una mujer los aretes de la oreja. Esa vez él fue azotado contra los ventanales rompiéndolos al impactar su cabeza contra el cristal. En el ramal de Metro Constitución hay 120 camiones, los tres asaltos que recibió no han sido denunciados y dice que nadie lo hace; lo cual nos lleva a no tener un número de asaltos impreciso.

La plática continúa:

  • Es muy conflictivo Iztapalapa. Los robos no van a parar. Porque así es esto. Los ratas ahí están. Se necesitaría un policía por cada camión pero eso no es posible.
  • Aunque pongas seguridad, las ratas siempre van delante de la tecnología.

Sentencia el chofer con más experiencia y con ello terminan la platica porque el pasaje comienza a subir y pagar.

 

 

De frente un camino. Detrás se encuentran no más de treinta personas sentadas esperando llegar a casa. Es de noche y las luces dentro del camión se mantienen prendidas. La gente sube y paga, sube y paga. Cuando llegan los vendedores, suben, saludan al chofer y ofrecen mercancía. Otros, unos pocos, mayormente jóvenes, suben, pagan y a la mitad del camino se levantan de sus asientos golpean el techo con el puño y exclaman: “Ya valieron madres”.  En menos de dos minutos terminan de recoger las pertenencias de los usuarios para salir por cada una de las dos puertas del microbús corriendo hacia lados distintos.

 

Esto sucede muy seguido ahí, en el lugar que no asaltan, bendito Dios.

 

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