Día de Balas

Jorge Mateos @mateosm

Nunca he estado familiarizado con las armas, ni había visto un disparo y no estoy seguro de haber escuchado uno, pero ese día vi cómo una persona le disparó a otra.

Es común enterarse sobre delitos cometidos en una ciudad como la de México, una de las capitales más grandes del mundo, lo poco común es tener la mala suerte de estar en ese momento exacto, cuando la violencia aparece y se vive de cerca.

 

Aquel día, 24 de septiembre de 2014, no fue un buen día para los bancos en la Ciudad de México; se registraron cuatro asaltos en menos de cinco horas, dos en la delegación Iztapalapa y dos en la delegación Benito Juárez: yo fui testigo de uno de ellos.

 

Hay días en los que no pasa nada, vas a la escuela, al trabajo, regresas a tu casa y ningún hecho del día te pareció sorprendente. Incluso, hay otros en los que quisieras que pasara algo, no importa de qué tipo, algo que te impacte, que te haga sentir que tu jornada fue diferente a todas las demás, algo que nos cambie la rutina.

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Por fin dan las dos de la tarde. Es la hora de comer y quedé en ir con mis compañeros de trabajo. Uno de ellos debe tomar una llamada, nos retrasamos unos minutos y salimos a las 2:10 pm. de la oficina rumbo a uno de los restaurantes que acostumbramos.

 

Como casi en todos lados, los fumadores al mínimo descanso gustan de un cigarro y en mi trabajo no es la excepción. Los compran sueltos en el puesto de la esquina; ahí perdimos un par de minutos más. Cuando la luz verde de peatones se encendió en el cruce de Miguel Laurent y Universidad, un conductor grita “joven ¿sabe dónde está Pabellón del Valle?” contesto a la brevedad para decirle que ya había llegado; el centro comercial que buscaba está en su lado izquierdo Un minuto más de retraso para comer.

 

2:20 pm. Apenas cruzaba la calle de Pilares sobre Universidad y no veía otro obstáculo en el camino que causara más demoras. Cinco minutos más tarde, a las 2:25 pm. exactamente, eso que en algún momento llegaste a desear que hiciera de tus días más interesantes, se hace presente y no de una forma que la gente espera.

 

 

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La primera detonación se escuchó a esa hora, cuando llegamos a la pequeña diagonal que une Avenida Cuauhtémoc con Universidad; en donde está un banco HSBC. Diez segundos después, dos policías corren con pistola en mano y pasan por mi lado izquierdo, hacia Avenida Universidad. Responden las balas con más balazos. Nosotros, al ver caer en nuestros pies los casquillos de las armas de los policías, retrocedimos unos metros y corrimos a refugiarnos en una tienda de colchones que está a unos metros.

 

Aproximadamente un minuto después, debo aclarar que la percepciòn del tiempo en estas acciones es impreciso, terminaron los más de diez balazos que conté en voz baja mientras me cubría detrás de un colchón. Cuando recuperé el aliento, con un poco de miedo, lo primero que hice fue salir a la calle para ver qué carajos había pasado.

 

“Dos lacras intentaron asaltar a una señora que acababa de salir de aquí del HSBC, se le acercaron y la jalonearon y la señora se resistió, se aferró a su bolsa, por eso los ratas dispararon pero no le dieron a la señora. Luego llegaron los policías y le tiraron a los asaltantes” narra un hombre mayor que iba pasando por el lugar y vio todo.

 

El pánico ya procesado se transformó en incertidumbre, dos hombres boca abajo sobre el asfalto a un lado de una motocicleta que derrama gasolina, genera un intenso olor a ese combustible mezclado con pólvora y horror.

 

Un ladrón, de chamarra azul y gorra blanca, tenía un impacto en la pierna izquierda, se desangraba y un policía le amarró un cinturón en el muslo. El otro, más joven, se intentó cubrir el rostro con el gorro de su chamarra café, la mano izquierda estaba llena de sangre, a él le dieron en el antebrazo.

 

En un instante ya éramos varios los curiosos y entre ellos se escuchaba una misma idea: “¡Pinches lacras! Deberíamos lincharlos, hijos de la chingada, a ver, ahora sí pónganse con nosotros, ¡ojalá se mueran!” . Los asaltantes heridos ni se inmutaron, sólo esperaron que los policías los sacaran de ahí en una ambulancia antes de que la gente intentara algo.

Robo a bancos

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Ese día sucedió algo impactante, algo que cambió la rutina: Me dio una historia que contar, quizá no la que me hubiera gustado. Nunca he estado familiarizado con las armas, ni había visto un disparo y no estoy seguro de haber escuchado uno, pero ese día vi cómo una persona le disparó a otra… por unos días cada vez que caminaba por la calle y veía a un policía correr yo corría en el otro sentido. Brincaba cada vez que escuchaba un sonido fuerte, aunque fuera el escape de un camión…

Ese día salió de la rutina para mi como para los bancos de la Ciudad de México, aquel 24 de septiembre, es el día de balas.

 

 

 

Mapa: Daniela Rodríguez.

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